por: Julián Rosales
Construirse sin compararse con el hombre
"No se nace mujer, se llega a serlo". Simone de Beauvoir
Lo que se pretende en este capítulo es hacer una reflexión con base en la autoconstrucción de la mujer, no comparándose con el hombre, sino ser ella misma: mujer. Determinarse de diferente manera, de una forma desigual a como los hombres han hecho que se construya la mujer. El feminismo no busca la igualdad, sino la separación de la determinación machista hacia la mujer.
No se busca igualdad porque se caería en lo mismo, en tener sólo un sexo en donde se construyen tanto hombre como mujeres. Lo que se proyecta, es el llegar a hacer patente el segundo sexo, el femenino, y hacerlo de forma diferente al hombre. Pero tampoco se quiere llegar a una radicalidad en donde la mujer se sienta más que el hombre, ni el hombre siga sintiéndose más que la mujer. Simplemente el querer ser mujer sin compararse con el hombre, pero manteniendo respeto hacia él y una libertad para cada sexo, para que cada uno sea lo que quiera ser sin que el otro le diga el cómo ni el debe ser.
La mujer y el hombre son distintos pero complementarios. Cada uno de los dos, debe ser consciente de su humanidad, afirmarse como ser humano y afirmar su sexo. Parte de esta construcción de la mujer con base en el hombre ha sido por la carga de la religión judeo-cristina —al menos en occidente— pues aquí se muestra cuál es la función del hombre y cuál es la de la mujer.
El Padre Miguel Ángel Fuentes I.V.E. es su libro: "Los hizo varón y mujer" escribe: Ser esposo significa ser “cabeza” de un hogar. Lo dice San Pablo: El marido es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo (Ef 5,23). En este sentido, su función consiste más en organizar las cosas generales, trabajar para la familia; su parte es el trabajo duro, pero no los detalles. Normalmente es quien debe tomar las últimas decisiones. Por eso hay un dicho: “donde la mujer domina y gobierna, allí a menudo la paz no inverna” (http://www.autorescatolicos.org/miguelangelfuenteslos.htm consultado el día 03 de mayo de 2009).
Aquí podemos dar un ejemplo de lo antes mencionado: la mujer debe romper con todas estas cosas que la han estructurado. Desde que ella nace, en su estructura social se le marca el como debe ser ante su marido y éste como debe ser ante ella, generando así una construcción de la mujer con base en el hombre.
El hombre ha visto a la mujer como lo Otro, lo que le sirve para hacerse de algo. Esto lo refleja Beauvoir en el capítulo del mito, pues tras esa serie de análisis de los mitos, vemos como los hombres le han adjudicado a las mujeres los papeles no tan importantes. Siempre los héroes son hombres y la mujer sólo está como un complemento. En el génesis bíblico la mujer nace del hombre, su función es acompañar al hombre en su soledad. Es creada del flanco del hombre, es decir Dios las hace brotar de su primer ser; el hombre. Teniendo así las mujeres una existencia accidental.
La mujer debe construirse a ella misma, hacerse a sí misma, hacerse mujer. Es decir a lo largo del tiempo la mujer se ha construido con base en el hombre, a lo que éste le ha marcado como el deber ser. Pero este deber ser, ha cosificado a la mujer. Por decir algo: la mujer es ama de casa, la madre, la amante, etc., todo con base en lo impuesto por los hombres, haciéndola así, ser sólo lo Otro, aquello que simplemente es complementario para el hacerse del hombre. Pero la mujer puede romper éste Otro, tan sólo debe ser consciente de su condición humana, afirmarse como ser humano y no como alguien cosificado, debe estar llena de confianza y creer en sí misma, ser el segundo sexo.
Tratar de romper con esta determinación es algo difícil. Pues desde que nacemos, lo hacemos en un mundo ya objetivado, en algo construido, y que nosotros no podemos renombrarlo, sino simplemente hacer un proceso de intelección de los objetos. Y dependiendo de la estructura social en donde nos movamos, será la condición en que nuestro pensamiento consciente e inconsciente sea determinado. Aunque se quiera pensar en exonerarse del Otro, siempre en nosotros hay una carga inconsciente que nos impide romper con ello.
Esta estructura inconsciente es la más difícil de romper, pues la tenemos tan arraigada dentro de nosotros y no se muestra patente, sino simplemente sale cuando nos enfrentamos a hechos en donde implique romper con ellos. Diciéndolo de otra manera: se nos ha enseñado que hombre no usa vestido ni maquillaje, pues éstos son sólo para las mujeres. Y si vemos a un hombre usando vestido o maquillaje, tendemos a rechazarlo, por más librepensadores que seamos, siempre hay en nosotros esa carga inconsciente que nos polariza ante ellos.
Aspirar a salir de la construcción de la mujer con base en el hombre, es algo difícil, pero se puede hacer. Lo que se podría hacer es tratar de reacomodar esa estructura inconsciente del pensamiento, siendo conscientes cada uno de su sexo ratificándolo, y sobre todo educar a las nuevas generaciones, aquellos a los cuales se les comenzará a mostrar este mundo objetivado, son ellos los que pueden cambiar los roles de determinación establecidos. Tampoco se trata de que la mujer domine al hombre sino simplemente, el llegar a construirse cada uno de acuerdo a sí mismos, como ellos quieran, ser libres, pero sin dejar de lado el trabajo en conjunto.
La mujer ya no debe construirse igual que el hombre, porque desde siempre la construcción de ella ha sido conforme a él. La mujer tiene que ser mujer y el hombre ser hombre, debe haber dos sexos, uno construirse desemejante que el otro, pero esto no quiere decir que se polaricen, sino que uno respete al otro en su forma de ser y de estar sin que se le determine. Los dos deben trabajar en conjunto y reconstruir el mundo, porque como es sabido, el mundo se ha construido por y para los hombres, pero ya es necesaria la reconstrucción del mundo, en donde los dos vivan respetándose.
EL MUNDO SE RECONSTRUYE ENTRE HOMBRES Y MUJERES
La reconstrucción del mundo ya no tiene sexo
El mundo se ha construido de forma azarosa, por diversos motivos el poder cayó en manos del hombre, llevándolo así a determinar el mundo de acuerdo a sus pasiones, adecuándolo a su beneficio. Todas las cosas de este mundo han sido erigidas por los hombres, objetivando todo de acuerdo a su razón y excluyendo casi por completo de este nombramiento del mundo a la mujer. Lo mismo en la jerarquización del trabajo y posesión de poder en los discursos y dominación.
En esto de la jerarquización del trabajo, el hombre ha determinado cuáles son aptos para él y cuáles para la mujer, y mencionamos un ejemplo de esto: vemos como el hombre es quién cultiva la tierra siendo lo trabajos de campo para él y la mujer está encomendada a preparar la comida con el fruto de esa cosecha.
El mundo lo construyeron los hombres para ellos, y no para la mujer. Pero estas exclusiones biológicas no tienen mucho fundamento. Sí, la mujer es disímil al hombre, pero no significa que una mujer no pueda hacer trabajos forzosos, puede hacerlos, pero ante esto los hombres buscan pretextos para echar a andar la exclusión femenina, imponiendo como imposibilitante que la mujer menstrua y no puede trabajar ni socializar con otro humanos cuando esté en su período (lo vemos más detalladamente en el libro el segundo sexo de Beauvoir) y no sólo la menstruación, también por la gestación, —entre otras cosas que son biológicamente propias de la mujer y que la misoginia del hombre la llevó a excluirla— hasta en el acto sexual, el hombre es quien penetra a la mujer, poniéndolo como el sexo dominante.
Tras estas exclusiones, es como paulatinamente se fue excluyendo a la mujer, de la educación —si no tenía educación, no podía despertar ante todas la atrocidades cometidas por los machos— paralizándola en el ejercicio de los cargos políticos e intelectuales. Sin más resultado que como un adorno bello que sirve para contemplarse físicamente, quien hace labores y detalles del hogar, así como también parir a los futuros hombres, porque hasta es un infortunio parir una niña, ya que tendrá que sufrir en el mundo creado por y para los hombres.
A la mujer se le ha tomado como algo accidental, como lo Otro (volviendo a mencionar a Beauvoir) pues el hombre lo necesita (al Otro) para poder completarse, para hacerse el mismo. Así el hombre es imperfecto, el hombre necesita mantener a la mujer en un grado inferior al de él, pues si la mujer lo supera, él se da cuenta de su verdadera condición humana: un ser que no es pleno por sí mismo, sino al contrario, necesita de la mujer para realizarse. Si la mujer no está presente en él, el hombre se siente solo, solo ante este mundo cosificado por él mismo. Por eso el hombre necesita poseer, dominar, gobernar, infravalorar a la mujer para sentirse completo. Y por el deseo de poseer a la mujer, el hombre necesita subestimarla, asignándole un rol inferior al de él, un punto en donde éste pueda dominarla.
Al sentirse el hombre con el control de la mujer y con el continuo deseo de ser más completo que ella, decide excluirla de la educación, la posesión de poder (gobernar), posesión del dinero, entre otras cosas. Pero corría más peligro si una mujer recibía estudios, pues una con educación (me refiero a estudio sistemáticos, con base en la ciencia) puede ser peligrosa, ya que la educación puede hacerla caer en la consciencia de su ser, rompiendo así el yugo en el cual se encuentra sometida.
Por eso el feminismo es impertinente, pues con el hecho de que varias, mujeres rompieran el eslabón de la cadena que las coaccionaba, despertando a las demás mujeres. Estas mujeres con el simple hecho de haber recibido educación, detonaron los motivos para que se despertara la consciencia y se empezará a cuestionar cuál es el rol de la mujer dentro de la construcción del mundo.
Christine de Piza (1364-1430) la primer mujer escritora y quien comienza a cuestionar el mundo que han construido los hombres, viendo que todo estaba hecho por hombres y para hombres. En su libro La ciudad de las damas (1405) donde funda aquella ciudad construida por mujeres, alejada de la guerra y el caos que había mantenido los hombres.
El mundo se debe reconstruir entre hombres y mujeres, en donde tengan cabida las aptitudes de las mujeres y los hombres, respetando entre los dos lo que cada uno pueda ejercer dentro de la estructura social, todos pueden hacer los mismos trabajos, pero no todos son aptos para hacerlos, eso depende de la preparación que lleva cada ser humano. Christine de Piza afirma que el mundo hubiese sido diferente si las mujeres no se hubieran educado con base en los hombres.
Aprovechando los avances tecnológicos de las máquinas, en este siglo, podemos aseverar que las jerarquías en los trabajos se han terminado. Ahora es posible que las mujeres muevan máquinas. Y no solamente en el medio de producción obrera, sino que también en lo que atañe a la diplomacia y cosas del Estado, pues las mujeres están recibiendo la mima educación que los hombres así que pueden competir con los hombres.
En este caso me atrevo a decir que las mujeres están listas para gobernar el mundo, pero no de forma total, sino en conjunto con los hombres. Hombre y mujer, sexos distintos, pero no polarizados, pues las cosas se podrían reconstruir si los dos sexos trabajaran en conjunto, uno a otro respetando su condición, y liberándose de la dependencia y la cosificación del Otro. No hay igualdad entre los dos, pero sí debe haber tolerancia entre uno y otro.

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